lunes, 3 de septiembre de 2012

VII

¿Resentimiento social? No lo creo, quizá más como una desilusión.
Como encontrar a tu familia escondiendo los regalos que supuestamente Santa Claus se encargaba de realizar, y simplemente confirmar lo que siempre temiste creer real.
O como ver a alguien lanzar un papel que guardaban en su bolsillo por la ventana de un colectivo.
Quizá ni siquiera a ese nivel. Al momento de reflexionar sobre la calidad vital de una sociedad, uno no puede simplemente dejar que las palabras dancen en la lengua, porque está lidiando con los sentimientos de una raza, según algunos, la única que los posee. Pero a veces lo dudo, a veces me pregunto cuán abrasiva puede ser la ignorancia, y hasta qué nivel de inadmision humana lleva al propio humano... Quizá el humano existe para batallar su condición como tal, e intentar acatar una posición cuasi-robotizada sin virar creyendo en un supuesto norte, al frente.
Es algún tipo de nivelación que uno realiza en el contexto social vinculante que lo rodea, para descifrar cuál es real motor social.

Ninguno.

La gente está para saciar sus intereses, y de esa manera cumplir con una miserable cadena propia de un miserable ser viviente que sólo busca extender y proseguir con el estamento pre-confeccionado por una sociedad antecesora que nunca va a conocer.
No quiero dejar mi percepción del mundo a la deriva de mis pre-conceptos pero me veo obligado a hacerlo ya que ellos son todo en lo que puedo confiar.

Mentiras.

Las herramientas claves para poder llegar a ser un ser exitoso en un mundo cuya penumbra ya es la falta de dignidad. Si sabés mentir, y sabés auto-absolver tus pecados, entonces manipular realidades a conveniencia es más simple que una tanda de rayuela.

¿Qué deseo?

La eutanasia. Quiero librarme de este mundo cruel lo antes posible.

Pero quiero seguir vivo.

Y quiero hacer el cambio. Quizá forzar una evolución.

Quiero ser feliz.

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