domingo, 7 de octubre de 2012

XIV

Todos y cada uno de tus poros abiertos para mi, dándome la bienvenida a la visita inesperada de esa planicie, de ese paraíso numinoso que, recubiertas por el velo de tu ropa, se escapaba tan a la ligera de mi.
No quiero ir a su cama, quiero ir a tus brazos.
Y él es sólo una diversión, una persona que hace muy bien las cosas que tiene que hacer, ni más ni menos.
Pero yo no debería estar haciendo esto. Yo no debería intentar probarme cómo son las cosas.
O qué era lo que León creía que necesitaba o quería, y buscaba en la entrepierna de cada uno que cruzaba.
Yo no quiero ser como León, yo no quiero ser como nadie.
Siempre supiste que soy genuino, y es lo que más te gusta de mi.
Y lo sigo siendo.
A veces pienso que soy tan poco para los demás. Mi imagen de mi mismo me tiene tan poco idealizado, parezco ser el villano de la obra cuando se trata de grandeza. Pero yo sé que es todo parte de mi corazón frágil, y de los remanentes de toda la destrucción que fué llevada a cabo dentro mío.
Pero ahora reposo en el parque de las ruinas con vos. Y se siente tanta paz como podríamos encontrar en aquel templo.
Siento que no debería sentir con tanta intensidad. No estoy preparado, y no estoy dispuesto. Quiero seguir cerrado, al menos un tiempo más. Quiero seguir cerrado...
Pero cada vez que te veo sonreír, y cada vez que te doy un abrazo, siento que quizás, sólo quizás, seas el único en un largo tiempo que me produzca esta sensación de... Realización.
¡Eso es! Me realizás.
Me hacés bien, me recordás a mi mismo cuando me olvidé de todo lo que solía componerme.
Y eso es duro, pero tu presencia es más dura aún.
Y tengo ganas de hacer todas tus cosas preferidas, sólo para pasar el rato con vos.
Por eso, no te vayas. Quedate. 

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