lunes, 24 de marzo de 2014

XXX

Dicotomía en percepciones alejadas de la realidad común
des comunal.
Descomunal.
Inmundo, mundano, inmundo, mundano.
Alejado de toda noción de sociedad.
Repugnado eternamente por acontecimientos que no puedo detener.
Casi como si la historia ya estuviera escrita.
Casi como si yaciera completamente impotente y desnudo ante el gran violador.
Pero es cuasicómico como lo vi venir sin verlo venir.
Podría denominarse Déjâ Vu.
Podría nominarse de millones de maneras por millones de individuos.
Pero la sociedad es algo que ansío tan lejos de mi, encontrándome en su seno.
Es casi incomprendible, y me animo a decir que no deseo comprender.
Empero, el pálpito incrementa a medido que mis medidas en pasos disminuyen.
Y la misantropía se convierte en claustrofobia.
Y paralizados, inminentes, entumecidos, nos mecemos ante el verdugo, el violador.

El violador de nuestro motus propio.
El violador de nuestro libre albedrío.

¿Es que nadie puede comprender lo que yo quiero?
¿O ya estoy tan desgarrado que lo que quiero escapa definición alguna?

Rancidez o lunatismo, enrancimiento o putrefacción, mi mente es un caldo de cultivo.
¿Alguien querría trepar a mi hipotálamo a corroborar que todo esté bien?
















































































eso creí.

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