[AVISO: En los siguientes párrafos se describirá una situación con altas dosis de violencia y agresión familiar.]
Ella está enferma.
Ella vive en una burbuja.
Ella absorbe.
Absorbe información, absorbe ideas, absorbe lo que ve, absorbe a los que la rodean.
La otra cedió, pero yo no. Yo no me conformo con eso. Yo no voy a ser un residuo de todo lo que hicieron mal. No señor.
Quiero
Una
Vida
Normal.
No quiero más que eso. No quiero pedir permisos. No quiero irrumpir. No quiero violar privacidades.
Mi dignidad me precede, mi etiqueta, mi comportamiento.
Tengo un espíritu límpido. Pulcro.
Intachable.
No
Pueden
Venir
y
Limitarme.
¿Puedo huír? ¿Podemos huír?
¿Podemos pretender que no soy un adolescente más?
Es que, no lo soy. Y todos juran que no lo son. Y que es personal, y particular. Y todos hacen catarsis al respecto, y escriben en blogs, simulando complicación, profundidad, estableciendo un señuelo de esa manera al interés y atención ajenas.
Pero en este momento quiero estar sólo.
No quiero UNA palabra que invada mi mente.
Nadie entiende que NADIE siente.
Me siento alienado, y ajenado.
Quiero irme.
Quiero crecer.
¿Qué es tan difícil? ¿Qué es necesario? ¿Acoplarse al mundo del cemento?
Ella.
Ella adora la pantalla negra.
El espejo rectangular que todo perfecto lo hace.
Pero la deja ciega.
Y tan estúpida.
Ni un té puede calmarla por las noches, ni una reconciliación sexual con su marido podría traer su espíritu jovial de nuevo.
Hay tanto resentimiento, y miedo al juicio.
Pero yo no soy parte de eso. No quiero que me hagan parte de eso.
No quiero ser la maldita consecuencia de tus errores.
Entonces dejame ir. Dejame ser.
Dejame vivir.
Estás tan triste con tu vida que querés eso para todos.
Y la otra es igual a vos.
Pasito por pasito.
Qué cínica que es la ironía que rige este cubículo.
No te creo nada.
Ni vos te creés nada.
Tan sólo tenés miedo.
Pero no querés dejar entrar a nadie.
Porque sos tosca.
Y terca.
Y obstinada.
Quiero que me enseñes lo que es la paz.
La paz que nunca me diste.
Te quiero tan lejos como sea posible.
Quiero ser libre. No quiero ser un rejunte de los pedazos que se caen de lo que alguna vez fuiste.
Quiero que te vayas.
Quiero que me enseñes la paz.
Ella está enferma.
Ella vive en una burbuja.
Ella absorbe.
Absorbe información, absorbe ideas, absorbe lo que ve, absorbe a los que la rodean.
La otra cedió, pero yo no. Yo no me conformo con eso. Yo no voy a ser un residuo de todo lo que hicieron mal. No señor.
Quiero
Una
Vida
Normal.
No quiero más que eso. No quiero pedir permisos. No quiero irrumpir. No quiero violar privacidades.
Mi dignidad me precede, mi etiqueta, mi comportamiento.
Tengo un espíritu límpido. Pulcro.
Intachable.
No
Pueden
Venir
y
Limitarme.
¿Puedo huír? ¿Podemos huír?
¿Podemos pretender que no soy un adolescente más?
Es que, no lo soy. Y todos juran que no lo son. Y que es personal, y particular. Y todos hacen catarsis al respecto, y escriben en blogs, simulando complicación, profundidad, estableciendo un señuelo de esa manera al interés y atención ajenas.
Pero en este momento quiero estar sólo.
No quiero UNA palabra que invada mi mente.
Nadie entiende que NADIE siente.
Me siento alienado, y ajenado.
Quiero irme.
Quiero crecer.
¿Qué es tan difícil? ¿Qué es necesario? ¿Acoplarse al mundo del cemento?
Ella.
Ella adora la pantalla negra.
El espejo rectangular que todo perfecto lo hace.
Pero la deja ciega.
Y tan estúpida.
Ni un té puede calmarla por las noches, ni una reconciliación sexual con su marido podría traer su espíritu jovial de nuevo.
Hay tanto resentimiento, y miedo al juicio.
Pero yo no soy parte de eso. No quiero que me hagan parte de eso.
No quiero ser la maldita consecuencia de tus errores.
Entonces dejame ir. Dejame ser.
Dejame vivir.
Estás tan triste con tu vida que querés eso para todos.
Y la otra es igual a vos.
Pasito por pasito.
Qué cínica que es la ironía que rige este cubículo.
No te creo nada.
Ni vos te creés nada.
Tan sólo tenés miedo.
Pero no querés dejar entrar a nadie.
Porque sos tosca.
Y terca.
Y obstinada.
Quiero que me enseñes lo que es la paz.
La paz que nunca me diste.
Te quiero tan lejos como sea posible.
Quiero ser libre. No quiero ser un rejunte de los pedazos que se caen de lo que alguna vez fuiste.
Quiero que te vayas.
Quiero que me enseñes la paz.
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